Al momento de publicar esta reseña, Imperio es la novela más reciente de Iria G. Parente y Selene M. Pascual. Lo que nos presentan es un caso de reality potencialmente mortal en el contexto de una realidad distópica donde la repercusión de las redes sociales se ha adueñado del tejido económico y el esqueleto social de una civilización. Imperio es un edificio de treinta plantas donde todos los años se juega una especie de Gran Hermano llevado al extremo. El hilo argumental lo conducen varios personajes y tendremos que ver cómo van desapareciendo algunos de ellos con el paso de las semanas. Resumir el contenido de esta novela es un auténtico peligro para aquellos que no sean muy fans de los spoilers, por lo tanto, es mejor que dejemos esa parte por aquí.
El funcionamiento del concurso es simple: entran treinta participantes, cada semana tendrá una dinámica o prueba colectiva, cuyo vencedor ganará visualizaciones: las que atraiga por sí mismo y los porcentajes de sus rivales que se le apliquen cuando ganen. Al final de la semana, se elimina a un número de los que han acumulado menos visualizaciones.
Sin duda, lo mejor de la novela es el diseño argumental. Los personajes encajan como piezas de un intrincado puzle. Es una historia adictiva en la que resulta imposible no encariñarse con la mayoría de los participantes. Además, son muy diferentes entre ellos, cada uno con sus virtudes y sus defectos, lo que hace de ellos personajes muy humanos con los que es tremendamente sencillo empatizar, sobre todo porque la narración es de primera persona y en presente. Es un buen enfoque con el que, como lector, vas a sentir que cualquier cosa puede pasar en cualquier momento, como si realmente tomases el papel de espectador y estuvieras viéndolo a tiempo real. Como si fueras un testigo más.
Supera las seiscientas páginas, siendo algo más larga de lo que normalmente se encuentra en el mercado, pero no se hace para nada pesada. Al contrario: al acabar, sientes que todavía podrían haberse desarrollado más algunas cosas. Si hay alguna cosa que criticarle en un sentido negativo, quizá es la falta de ritmo en los últimos capítulos, donde se gesta el desenlace. Es muy rápida, cosa que algunos han criticado, como si la velocidad fuera demasiada; en esta reseña, solo considero que si el objetivo era que fuera un desenlace rápido y dinámico, el resultado ha quedado más introspectivo y cuidado que veloz y sorpresivo. Realmente considero que el final es muy bueno y que está bien traído, solo lo he encontrado un poco falto de ese ritmo narrativo.
En pocas palabras, Imperio es una novela bien conducida, que nos puede recordar un poco a Los juegos del hambre en esa espectacularidad y búsqueda constante de captar la emoción del público, ya que ahí reside la diferencia entre seguir jugando o caer en el intento. Tiene acción, pero también juega con los sentimientos y la emocionalidad de personajes y lectores.
Es una novela que te atrapará y que no dejarás de leer hasta su punto final.



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